martes, 28 de diciembre de 2010

JORNADAS DE LANZAROTE


Quienes me rodean me han oído decir que en esto de las Bibliotecas Escolares no paro de encontrar ejemplos de generosidad extrema, de gentes vocacionales, de experiencias fantásticas, de momentos mágicos.

Todo junto se dio en el "Encuentro y Muestra de Experiencias de Animación Lectora y Bibliotecas" de Lanzarote, al que acudimos en el puente de los Santos, si bien llegamos a la mitad, pues no teníamos permiso para faltar a clase el viernes y nos perdimos lo que sucedió ese día.

Ahora bien, el sábado absorbimos cada detalle, desde que entramos a aquel gran salón lleno del color de las exposiciones de coles e institutos: paneles, juegos, láminas, agendas, marcapáginas, sugerencias de lecturas, cajas mágicas, pizarra antigua, experiencias creativas y sugerentes, que fotografiamos ávidos de no perder detalle.

Luego, desde la primera fila, pudimos oír a toda esa gente estupenda explicarnos su trabajo. ¡Qué envidia nos dieron el Programa "Lectura y Bibliotecas" del Gobierno de Canarias, las eficaces asesorías de los Centros de Profesores de Lanzarote, de Extremadura y el de Cuenca con su "Senda de las palabras"! Nos alegra que en algunas Comunidades exista un apoyo efectivo de las instituciones, que se desarrollen con medios suficientes los planes de lectura y de bibliotecas y que los Centros de Profesores no se limiten a labores burocráticas.

El entusiasmo de Pilar Pérez Estéve al presentarnos las posibilidades de Leer.es nos dio confianza en que hay gente en el Ministerio que va en nuestra misma dirección.

Pero lo mejor fueron las experiencias de los Centros: emocionante lo del CEIP Alba Plata de Cáceres, por ejemplo, que han conseguido levantar un colegio degradado en torno a varios ejes, de los que uno de los más importantes es el de la lectura y la biblioteca, que integra ahora a toda la comunidad educativa y ha dado prestigio al barrio.

Muy potente también todo lo que desarrollan en el IES María Pérez Trujillo,del Puerto de la Cruz, de lo que dejan constancia en su periódico, en su boletines para todos los sectores educativos.

Simpatiquísima la presentación y la idea de la fototeca escolar del IES Los Álamos de Bormujos, Sevilla, o "El dictado más grande del mundo", de Javier Pérez Gosálvez, del CEIP Aguadulce de Las Palmas.

No fue hasta el homenaje al añorado Saramago, cuando caímos en la cuenta del significado del gran cartel que presidía las jornadas: "Convivencia intergeneracional a través de la lectura". ¡Toda la chavalería que nos intrigaba que anduviera por allí eran participantes en actividades paralelas para jóvenes! Cuando nos dieron noticia del Club Internacional de Jóvenes Lectores-Escritores, nuestra admiración se desbordó.
Varios de esos jóvenes presidían el homenaje, al que asistió la misma Pilar del Río. Fue un acto sencillo, cargado de sentimiento y de sensibilidad: textos de Saramago, pinceladas de su vida y de su obra, recuerdos, puntualizaciones, poesía. Fernando Gómez Aguilera, gran conocedor suyo, presentó la edición "José Saramago en sus palabras", obra que será preciso leer.
Y por fin, ¡qué mujer Pilar! Nos llegó al alma su humanidad elegante, su reivindicación de la justicia y del recuerdo justo de su esposo, su sencillez al agradecer el obsequio del alumno que representaba a su Centro y a todos nosotros.

La despedida, casi clandestina, a la luz de las velas, los versos de Guillem Vallejo, el corro y el buen humor fueron el mejor fin de fiesta posible.

De vuelta, llenos de ideas y de energía, llevábamos al Instituto los materiales que recogimos, y fuimos contando lo que vivimos en esa preciosa tierra a todo el mundo, desde el Director a los compañeros que están empeñados en sacar adelante el Plan Lector del instituto; al profesor de TIC, a la jefa del Departamento de Historia, a mis alumnos, ...

Gracias inmensas y enhorabuena a la Sociedad Canaria Elio Antonio de Nebrija, personificada en Jesús Luis-Ravelo, que nos atendió en nuestra azarosa inscripción y nos escribió tan amablemente a la vuelta.

lunes, 20 de diciembre de 2010

GALEANO. TEXTO DE LA SEMANA


NOCHEBUENA
Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.

Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo queda en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.

Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:

-Decile a... -susurró el niño-. Decile a alguien, que yo estoy aquí.


El texto pertenece a El libro de los abrazos, (1989) de Eduardo Galeano. Como siempre certero, cargado de ternura. Su mirada se vuelve a este niño, enfermo, solo, en estos días ruidosos del artificio de la Navidad. Otro "Nadie".

LOS NADIES

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Discurso de Vargas Llosa en los Premios Nobel 2010


El pasado martes, 7 de diciembre, fue un día importante para la literatura en español. En Estocolmo el mundo escuchaba a Vargas Llosa su discurso por la concesión del Premio Nobel de Literatura.

Ya hemos hablado de este escritor este curso. Nos interesa ahora el contenido de lo que expuso en un momento tan importante.
Habló de literatura, de lo que la lectura supuso para él desde su niñez, y a lo largo de su vida. De sus comienzos de escritor y de los escritores que le han servido como referentes. De las ciudades donde ha vivido, él que es un verdadero ciudadano del mundo, de su Arequipa natal, de París, Barcelona, Madrid o Nueva York, que para él son su domicilio y su cultura. Mencionó a las personas que lo han acompañado a lo largo de los años, familiares, amigos, editores, ..., agradecido a todos por lo que le han aportado.
Relató también su evolución política, que le ha llevado al convencimiento de que no podemos ser tolerantes con los totalitarismos. Esa parte de su alocución es la que hemos seleccionado como texto de la semana:

Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear.
Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan.
No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer.
Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.


TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO

martes, 7 de diciembre de 2010

José Alberto Gutiérrez. Libros en la basura


Me escribe mi hermano Luis para llamarme la atención sobre un artículo de Elvira Lindo del pasado domingo 5 de diciembre. En medio del caos derivado de la criptohuelga de controladores que atesta de noticias todos los medios de comunicación y nuestras vidas en este puente, se ha encontrado con la conmovedora figura de un hombre que, entre la basura que transporta, busca tesoros. No joyas recogidas por la aspiradora, ni objetos primorosos; algo de más valor.

Libros en la basura:
El otro día, en la Feria del Libro de Guadalajara (México), tuve la fortuna de compartir mesa redonda con un hombre excepcional: José Alberto Gutiérrez, conductor de un camión de la basura en la ciudad de Bogotá. Los congregados a la mesa estábamos allí para compartir ideas sobre cómo contagiar el gusto por la lectura. Todos estábamos relacionados de una u otra manera con el oficio. Le llegó el turno a José Alberto y nos dejó mudos. Con palabras sencillas contó lo siguiente: un día, mientras hacía su recorrido habitual, vio que en el suelo alguien había dejado un ejemplar viejo de una novela de Tolstói. Se lo llevó a casa. Su señora, modista, se encargó de restaurarlo amorosamente, como quien zurce una prenda delicada. De pronto, a José Alberto se le pasó por la cabeza una idea disparatada que no dudó en poner en práctica: recogería todos los libros que encontrara a su paso. Sus colegas barrenderos le sirvieron de cómplices. Le gritaban, "¡José, libros!", y se los colocaban en el asiento de al lado. De esta manera, el camionero José ha recogido más de doce millones de volúmenes, volúmenes que han pasado por las manos primorosas de su señora para ser ordenados en la biblioteca en perfecto estado. En un primer momento, colocaron los libros en la planta de abajo de su casa. Allí empezaron a acudir mujeres y niños de ese barrio pobre en el que vive José. Más tarde, cuando ya los libros no cabían, el camionero consiguió tres locales más. A estas alturas tiene montadas tres bibliotecas. Nos enseñó fotos en las que se veía a las criaturas sentadas en sillas chicas escuchando un cuento. José nunca olvidó los cuentos que le leía su madre por la noche. Para él, contó, poner libros en las manos de niños es un trabajo preventivo contra un destino que parece estar ya escrito en la vida de los pobres. "Es la primera vez que tomo un vuelo", dijo, "la primera vez que cuento ante un público lo que hago y me siento muy agradecido". Entonces, arreció un aplauso que duró un buen rato. Los maestros y educadores que acudían a la charla se pusieron de pie. A algunos se les saltaban las lágrimas. Muchos trabajan en zonas dejadas de la mano de Dios. Todos nos sentimos conmovidos por este rescatador de libros, de posteridades. De Tolstói a ese Twain que tantas veces habrá acabado en la basura. Todos esos cuentos que se tiran cuando los niños crecen, porque ocupan espacio o llegan otras modas. Modas que creemos no seguir. Porque, ¿quién acepta su lado borrego?

Se nos saltan las lágrimas como a todos aquéllos que pudieron oírle contar su logro rodeado de grandes personalidades de la cultura: poner libros en las manos de niños, trabajo preventivo contra un destino que parece estar ya escrito en la vida de los pobres.

Vemos a este Midas en la web de Radio Cable, al volante de su camión, y echando pie a tierra en cuanto olfatea una bolsa con libros en el montón de la basura. La abre, coge los libros y los lleva a una de sus bibliotecas, que ha bautizado con este precioso nombre: 'La Fuerza de las Palabras'. Un trabajo de diez años que persigue su meta, utópica, dirán algunos, conmovedora nos parece a nosotros: “lo único que me interesa es que la ignorancia se acabe en este planeta. Y el día en que se acabe la ignorancia, seguramente va a haber paz en el mundo”.

José Alberto ha conseguido, con la ayuda de sus compañeros basureros, de su mujer modista, lo que en nuestras bibliotecas pretendemos: compensar las desigualdades de partida que observamos en tantos chicos, a quienes jamás han contado un cuento, que han llevado una vida durísima en contextos ajenos a la lectura.


La historia de José Alberto nos lleva a la de ese otro hombre ejemplar, colombiano también, cuya historia se movió por internet hace unas semanas. Se trata del profesor Luis Soriano Bohórquez, que desde hace diez años recorre veredas, pueblos, caminos y carreteras del norte del país con su "Biblioburro". Se le ocurrió utilizar a sus burros "Alfa" y "Beto" para llevar sus libros a todos los niños que carecen de ellos. El proyecto, pequeñito al principio, se ha hecho grande. Llega a los pueblos, y todos salen a la calle al grito de "¡Llegó el Biblioburro!". Con las manos limpias se congregan bajo un árbol y entre todos organizan el tenderete hasta que, ansiosos, tienen el libro en la mano o esperan a que el profesor empiece a leer.

Dice Michèle Petit, en "El arte de la lectura en tiempos de crisis" (Ed. Océano, 2008), que de Colombia, los medios de comunicación sólo muestran la guerra, los secuestros, los narcotrafincantes, la delincuencia. Para contrarrestar esa peyorativa imagen, ella presenta las experiencias de muchas personas, "a los mediadores culturales de Colombia y de otros países del Sur que no escatiman esfuerzos porque están convencidos de que los recursos culturales, del lenguaje, narrativos y poéticos son tan vitales como el agua."

El Biblioburro, La Fuerza de las Palabras, los Parques Biblioteca de Medellín que erradican la miseria, que contrarestan la violencia; los barcos que llevan libros ilustrados a las islas del sur de Chile o remontan el Paraná o la Amazonía, el proyecto As viagens da leitura de Vaga Lume, todos se mueven en la misma dirección esperanzada y esperanzadora, convencidos de que los libros pueden mover el mundo a mejor.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Ana María Matute, Premio Cervantes 2010



Me escribió el otro día Yolanda Toledano, que estuvo en el Juan de Herrera unos años, dirigiendo el Departamento de Lengua y Literatura. El único contacto que mantenemos es gracias al "Texto de la semana", que me comenta de vez en vez. Pues me ha escrito para proponer uno de Ana María Matute. "Sugerencia obvia", dice ella. Por lo del Premio Cervantes, claro.
Lo que no es tan obvio (¡bien lo sabemos cada semana!) es decidir qué fragmento elegir. Pues bien, Yolanda ha propuesto uno que nos viene que ni pintado para este atardecer en que van llegando las nubes cargadas de nieve que anuncia desde hace días la Agencia Meteorológica: Los cuentos vagabundos. Es un artículo en torno a esos cuentos que oímos en la infancia y descubrimos luego a lo largo de la vida en otras latitudes, en otras lenguas. Cuentos que habrán hecho soñar a niños como los que nosotros fuimos, y que proporcionarán al adulto el indecible placer de reconocer en el rostro atento que escucha, la fascinación que provoca el relato.

Los cuentos vagabundos: el valor de los cuentos I
Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento. Ese cuento breve, lleno de sugerencias, dueño de un extraño poder que arrebata y pone alas hacia mundos donde no existen ni el suelo ni el cielo. Los cuentos representan uno de los aspectos más inolvidables e intensos de la primera infancia. Todos los niños del mundo han escuchado cuentos. Ese cuento que no debe escribirse y lleva de voz en voz paisajes y figuras, movidos más por la imaginación del oyente que por la palabra del narrador.
He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.
Los pueblos, digo, los reciben de noche. Desde hace miles de años que llegan a través de las montañas, y duermen en las casas, en los rincones del granero, en el fuego. De paso, como peregrinos. Por eso son los viejos, desvelados y nostálgicos, quienes los cuentan.
Los cuentos son renegados, vagabundos, con algo de la inconsciencia y crueldad infantil, con algo de su misterio. Hacen llorar o reír, se olvidan de donde nacieron, se adaptan a los trajes y a las costumbres de allí donde los reciben. Sí, realmente, no hay más de media docena de cuentos. Pero ¡cuántos hijos van dejándose por el camino!
Mi abuela me contaba, cuando yo era pequeña, la historia de la Niña de Nieve. Esta niña de nieve, en sus labios, quedaba irremisiblemente emplazada en aquel paisaje de nuestras montañas, en una alta sierra de la vieja Castilla. Los campesinos del cuento eran para mí una pareja de labradores de tez oscura y áspera, de lacónicas palabras y mirada perdida, como yo los había visto en nuestra tierra. Un día el campesino de este cuento vio nevar. Yo veía entonces, con sus ojos, un invierno serrano, con esqueletos negros de árboles cubiertos de humedad, con centelleo de estrellas. Veía largos caminos, montañas arriba, y aquel cielo gris, con sus largas nubes, que tenían un relieve de piedras. El hombre del cuento, que vio nevar, estaba muy triste porque no tenía hijos. Salió a la nieve, y, con ella, hizo una niña. Su mujer le miraba desde la ventana. Mi abuela explicaba: «No le salieron muy bien los pies. Entró en la casa y su mujer le trajo una sartén. Así, los moldearon lo mejor que pudieron.» La imagen no puede ser más confusa. Sin embargo, para mí, en aquel tiempo, nada había más natural. Yo veía perfectamente a la mujer, que traía una sartén negra como el hollín. Sobre ella la nieve de la niña resaltaba blanca, viva. Y yo seguía viendo, claramente, cómo el viejo campesino moldeaba los pequeños pies. «La niña empezó entonces a hablar», continuaba mi abuela. Aquí se obraba el milagro del cuento. Su magia inundaba el corazón con una lluvia dulce, punzante. Y empezaba a temblar un mundo nuevo e inquieto. Era también tan natural que la niña de nieve empezase a hablar... En labios de mi abuela, dentro del cuento y del paisaje, no podía ser de otro modo. Mi abuela decía, luego, que la niña de nieve creció hasta los siete años. Pero llegó la noche de San Juan. En el cuento, la noche de San Juan tiene un olor, una temperatura y una luz que no existen en la realidad. La noche de San Juan es una noche exclusivamente para los cuentos. En el que ahora me ocupa también hubo hogueras, como es de rigor. Y mi abuela me decía: «Todos los niños saltaban por encima del fuego, pero la niña de nieve tenía miedo. Al fin, tanto se burlaron de ella, que se decidió. Y entonces, ¿sabes qué es lo que le pasó a la niña de nieve?» Sí, yo lo imaginaba bien. La veía volverse blanda, hasta derretirse. Desaparecería para siempre. «¿Y no apagaba el fuego?», preguntaba yo, con un vago deseo. ¡Ah!, pero eso mi abuela no lo sabía. Sólo sabía que los ancianos campesinos lloraron mucho la pérdida de su pequeña niña.
No hace mucho tiempo me enteré de que el cuento de la Niña de Nieve, que mi abuela recogiera de labios de la suya, era en realidad una antigua leyenda ucraniana. Pero ¡qué diferente, en labios de mi abuela, a como la leí! La niña de nieve atravesó montañas y ríos, calzó altas botas de fieltro, zuecos, fue descalza o con abarcas, vistió falda roja o blanca, fue rubia o de cabello negro, se adornó con monedas de oro o botones de cobre, y llegó a mí, siendo niña, con justillo negro y rodetes de trenza arrollados a los lados de la cabeza. La niña de nieve se iría luego, digo yo, como esos pájaros que buscan eternamente, en los cuentos, los fabulosos países donde brilla siempre el sol. Y allí, en vez de fundirse y desaparecer, seguirá viva y helada, con otro vestido, otra lengua, convirtiéndose en agua todos los días sobre ese fuego que, bien sea en un bosque, bien en un hogar cualquiera, está encendiéndose todos los días para ella. El cuento de la niña de nieve, como el cuento del hermano bueno y el hermano malo, como el del avaro y el del tercer hijo tonto, como el de la madrastra y el hada buena, viajará todos los días y a través de todas las tierras. Allí a la aldea donde no se conocía el tren, el cuento caminando.
El cuento es astuto. Se filtra en el vino, en las lenguas de las viejas, en las historias de los santos. Se vuelve melodía torpe en la garganta de un caminante que bebe en la taberna y toca la bandurria. Se esconde en los cruces de los caminos, en los cementerios, en la oscuridad de los pajares. El cuento se va, pero deja sus huellas. Y aun las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante.
El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.FIN


FUENTE: CLIJ: Cuadernos de literatura infantil y juvenil, ISSN 0214-4123, Año nº 12, Nº 114, 1999 , pags. 29-36

PÁGINA OFICIAL DE ANA MARÍA MATUTE
ANA MARÍA MATUTE EN Página2
ANA MARÍA MATUTE EN "El poder de la palabra"

domingo, 21 de noviembre de 2010

Texto de la semana contra la violencia de género


"Por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 25 de noviembre ha sido designado Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (A/RES/54/134 de 17 de diciembre de 1999). Presentada por la República Dominicana, con el apoyo de más de 60 gobiernos, la resolución es el resultado de un creciente movimiento internacional para acabar con una trágica epidemia que devasta las vidas de mujeres y niñas, rompe comunidades y es una barrera para el desarrollo en todas las naciones. Los promotores de la resolución esperan que el día constituya, como ha ocurrido en otras ocasiones, el punto de partida para que los gobiernos y la población en general reaccionen para acabar con la violencia contra la mujer."
Ésa es la presentación del boletín de SOL de esta quincena respecto a esta jornada, que incluye, como siempre, una bibliografía por edades relacionada con el tema.

Pensando en qué texto sería más adecuado para esta fecha, una amiga me escribió un correo precioso, que reflejo: "deberíamos elegir uno que les "tocara" a los chicos, a los varones, víctimas también ellos de unos modelos masculinos que hacen de la agresividad y la violencia sus más seguros estandartes. Las mujeres, en mayor o menor medida, vamos consiguiendo salir de los corsés que la tradición nos tenía impuestos; ahora tenemos que trabajar todos juntos (hombres y mujeres) para ayudarles a ellos a encontrar también otras maneras de ser hombres donde sea posible sentirse frágil y poder dar salida a emociones y sentimientos."
Tras muchas vueltas, hemos desembocado en "Libre te quiero" de García Calvo.

AGUSTÍN GARCÍA CALVO, Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.

Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.

Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.

Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza.
Pero no mía.

Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.

Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.


En el poema se recoge la idea de mi amiga: "en las relaciones afectivas no somos medias naranjas incompletas a la búsqueda de nuestra otra mitad, sino seres completos que decidimos libremente recorrer un tramo de nuestra vida con otra persona, también completa, a la que debemos respeto y lealtad. Esta idea es la que "limpiaría" nuestras expectativas en pareja de muchos fantasmas que acaban de forma triste en eso que hemos dado en llamar "violencia de género" y que es, pura y simplemente, violenca contra las mujeres. Violencia ejercida, las más de las veces, por sus parejas o exparejas.
Nuestra meta como profesores debería ser desterrar esos mitos amorosos que tanto daño nos han hecho a unos y a otras: el mito del amor romántico que todo lo puede y en nombre del que todo ha de aguantarse, o el mito de los celos como prueba suprema del amor."



DOCUMENTOS "POR LOS BUENOS TRATOS"
CANCIONES
VÍDEO "SUBIR Y BAJAR", DE DAVID PLANELL

También estos días estamos informándonos de hechos terriblemente violentos que afectan a mujeres en muchos lugares del planeta, y con especial virulencia en el Congo: violaciones masivas a mujeres de toda edad, denunciadas por Amnistía Internacional (La Violación como arma de Guerra), o por el documental "Congo, tierra violada", emitido por CNN Plus hace dos semanas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Carlos Edmundo de Ory. In memóriam


"El dueño de mi poesía es el Universo, al igual que de los árboles. Igual que el árbol da manzanas, yo doy poesía, es mi fruto".
Son palabras de Carlos Edmundo de Ory, padre del postismo, poeta, ensayista, epigramista y traductor. Nacido en Cádiz en 1923, murió el jueves pasado en Amiens. En su memoria, el texto de esta semana. Nos lo dejó Beatriz en el casillero, después de buscarnos por todo el instituto para hacérnoslo llegar cargado de sensibilidad.

LA CASA MUERTA

Paso a paso llegué a la verja un día
no habiendo nadie y con mi poca altura
abrí la puerta y penetré en la oscura
casa que estaba en su interior vacía.

Como la lluvia allí no me podía
dormité con un sueño que aún me dura;
pues bien, nunca saldré de esta aventura
la que yo llamo la ventura mía.

Yo soy aquella la lejana casa
y aquel el hombre triste que la habita
empeñado en no abrir jamás la puerta.

No el viento pasa. No la lluvia pasa.
Ni aún nadie se le acerca porque evita
el miedo que le da la casa muerta.


SOBRE ORY
EL POETA EN BIBLIONÉSTOR
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