jueves, 19 de marzo de 2015

ECLIPSES Y LITERATURA

IMAGEN: http://blog.elle.fr/avriletmoi/wp-content/uploads/sites/52/2015/03/Eclipse.jpg








 
   Nos enteramos por el blog amigo "Biblioteca Hypatia" del IES Valle de Camargo (Cantabria), de que esta primavera viene anunciada por un eclipse de sol. 

   Así que respondemos a su invitación aportando algunos textos que hablan, precisamente, de eclipses, como este poema de Richard EBERHART (EEUU, 1904-2005):

EL ECLIPSE
"Estaba de pie en el frío abierto
Para ver la esencia del eclipse
Que era su perfecta oscuridad.

Estaba de pie en el frío del porche
Y no podía pensar en nada tan perfecto
Como la esperanza de luz que tiene un hombre
Al encarar la oscuridad."

   La sensación de desamparo y de incertidumbre embarga al ser humano, en efecto, ante el sol que se oculta. Enrique JOVEN, en El castillo de las estrellas,  menciona el efecto del eclipse del año 939, durante la batalla de Simancas: 
   "Encontrándose el ejército cerca de Simancas, hubo un espantoso eclipse de sol, que en medio del día cubrió la tierra de una amarillez oscura y llenó de terror a los nuestros  y a los infieles, que tampoco habían visto en su vida cosa semejante. Dos días pasaron sin que unos y otros hicieran movimiento alguno. Finalmente los de Al-Andalus perdieron la batalla y, al volver a Córdoba, Abd al-Rahman III mandó crucificar a trescientos oficiales por su cobardía.". KITAB AR-RAWD.

   También les recomendamos la lectura de “Un yanqui en la corte del rey Arturo”, de Mark Twain, (EEUU, 1835-1910), cuyo capítulo seis se titula “El eclipse”.  
   Bien pudo  este episodio ser la inspiración de una de las aventuras del cómic de Hergé, “Tintín en el templo del sol”, que podemos ver convertida en  película de animación en You Tube.
   Y, sin duda, también es la fuente del guatemalteco Augusto Monterroso para este relato:
EL ECLIPSE
   "Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido, aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos V condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
   Al despertar, se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
   Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
   Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
   Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
   Dos horas después, el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.”
 



- MONTERROSO EN EL CENTRO VIRTUAL CERVANTES

- EL MURO DE PLANCK, blog de Enrique Joven sobre Ciencia, Tecnología y Política que, "como luz y materia tras el Muro, son casi la misma cosa."

domingo, 22 de febrero de 2015

DÍA DEL LIBRO DE CIENCIA

   Por tercera vez, el Consejo General del Libro recordó el aniversario de los nacimientos de Galileo Galilei y Copérnico organizando el DIA DEL LIBRO DE CIENCIA, un encuentro para presentar y defender que los libros de ciencia, además de enseñar, crean lectores.

   Esta vez, la jornada encontró una inmejorable ubicación en el I.E.S. San Isidro, de Madrid la mañana del sábado, 21 de febrero, lo que nos permitió admirar el claustro barroco del s. XVII, magníficamente conservado, que da acceso a un Museo que alberga verdaderos tesoros de ciencia y de la historia de la educación.

   Alejandro Fernández de las Peñas, actual director de Gestión educativa en EDUCAIXA, dio la palabra a Sara Moreno, infatigable Presidenta del Consejo General del Libro, que nuevamente nos animó a guiar a la lectura a través del libro de ciencia.

   Acto seguido, la directora del instituto y profesora de Física y Química, Isabel Piñar Gallardo, nos dio la bienvenida y habló del citado Museo, que forma parte de su Proyecto Educativo, ya que ha sido objeto de estudio y cuidado por alumnos y profesores, como parte del currículo y como actividad voluntaria. Algunas de sus piezas históricas se exhiben ahora en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.

   Isabel nos habló de algunos libros de ciencia, joyas bibliográficas de la colección del instituto: uno del Padre Zaragoza, que enseñó Matemáticas desde 1670 en ese mismo edificio cuando fue Colegio Imperial; otro, un catálogo de instrumental desde el siglo XVI hasta nuestros días.

   A continuación, Carlos Ortega Núñez, Secretario de la Cámara del Libro de Madrid, nos tuvo cavilando mediante unos entretenidos "juegos de lógica para pasar el rato". Mencionó títulos clásicos relacionados con la lógica: ¿Cómo se llama este libro?, de SMUYLLAN, en Cátedra, y todos los de Martin Gardner. Fue recordado, a propósito, el capitulo LI de la segunda parte de "El Quijote":

   "Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". [...]
   Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: "Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre". Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces con tal hombre."


     Pablo Jurado Sánchez-Galán, ilustrador de libros científicos nos presentó luego su profesión bajo el título “Soy ilustrador de ciencia,...Vale, ¿Pero tú qué haces?".

   Nos hizo ver que la ilustración es una forma de acercamiento a contenidos complicados en forma de comunicación visual.

   Mostró ejemplos de su trabajo, explicó los avances en materiales (pinceles con agua incorporada para acuarela, tabletas gráficas...) y recordó a genios de la ilustración científica de distintas épocas, como Leonardo, Durero, el médico Vesalio, Van Gogh o Ramón y Cajal, cuyo dibujo de neuronas, que él describía como "células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma", combinó Jurado con una imagen de Don Quijote con la que concluyó su exposición.

     Carlos Madrid Casado, profesor de Matemáticas en el IES Diego Velázquez de Torrelodones, investigador y Doctor en Filosofía, nos ilustró (nunca mejor dicho) de forma muy amena y documentada con su exposición “Laplace, entre la revolución y las matemáticas”, en que nos presentó a este Newton de Francia, los avances científicos que protagonizó aclarando algunas de las anomalías newtonianas, por ejemplo; su introducción del sistema métrico decimal; su relación con Napoleón, de quien llegó a ser ministro y que le nombró conde de su imperio; la concesión del marquesado por parte de los Borbones más tarde... Hizo Ciencia, la popularizó, promovió la investigación científica y la formación del profesorado en Escuela Normal. En su lecho de muerte, pronunció la famosa frase: "El hombre solo persigue quimeras".
    


   Por último, llegados desde el IES Doramas de Moya (Las Palmas de Gran Canaria), Juan Navarro y José María Rodríguez, nos explicaron respectivamente sus proyectos “¡Pinocho dinos la verdad!” y “Don Quijote ¡Bienvenido al laboratorio de Ciencias”.

   Con un entusiasmo contagioso, autodenominándose "mercenarios de la educación", y cargados de cachivaches y de las dudas que a todo profesor asaltan sobre su labor ("¿saben mis alumnos lo que yo digo que saben?") , aseguraron que es imposible explicar ciencia si no se ha leído, y que es incomprensible que laboratorios o biblioteca estén cerrados en los centros o no tengan comunicación.

   Usando a partes iguales la imaginación y la locura del protagonista, se decidieron, con ayuda de El Quijote, a crear en su alumnado la necesidad de que leyeran. ¡Y vaya si leyeron! ¡E investigaron! Y una respuesta abrió nuevos caminos para preguntarse, para leer e investigar más y más:

   Don Quijote se curó de las magulladuras de su primera salida mediante la ingesta de seiscientos huevos, leen ellos. ¿Seiscientos? ¿En cuánto tiempo? ¿Cuántos diarios? ¿Qué dice el Instituto del Huevo a esto? ¿Cómo tendría el colesterol Alonso Quijano? ¿Qué otras dolencias dice Cervantes que tenía el caballero andante? ¿Qué ficha hará el médico del Centro de Salud de un individuo que presente tal cuadro clínico? ¿Qué es el bálsamo de Fierabrás? ¿Cuál su composición, ingredientes, proporciones? ¿Podemos fabricarlo nosotros?

   La novela habla de pulgas ¿cómo son? ¿a qué se parecen? ¿cómo reaccionan si se les suministra alcohol? ¿y una medicina? ¿y una droga? ¿no sería mejor diseñar la estadística en Excel?

¿Y esa alucinante Cueva de Montesinos? ¿Existe? ¿Dónde? ¿Cómo es? Y aprenden geografía, dinámica, tecnología, principios de estática?

   Y otro pasaje los lleva a una experimentación que los hará llamar a su clase "Química al ajillo", donde probarán las propiedades del ajo y el efecto que sobre él ejerce el vinagre. Y usarán internet, y leerán artículos en inglés.

   Y después se enterarán de que los antípodas no son un lugar, sino "cualquier habitante del globo terrestre con respecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto". La curiosidad los llevará a averiguar que los antípodas de su pueblo están en la isla de Norflok, y, localizado el gobernador, los pondrá en contacto con la bibliotecaria, y esta, con el Director del Instituto de esa isla, que tiene una bandera blanca y verde y árboles como los de la isla de Gran Canaria.

   Y, el colmo de los colmos, se enteran de que el bueno de Sancho, a lomos de Clavileño, alcanza una altura desde la que la tierra se ve del tamaño de un grano de mostaza. ¿Y eso cuánto es? Pues Sancho, entonces... ¡estuvo en Marte!

   En suma, una pregunta genera siempre nuevas preguntas, e igual que con Don Quijote, otro tanto les sucede con Pinocho, del que estos muchachos no conocían demasiado, si acaso, que es creación de Disney. ¿O de un tal Pinochet? Alguno sabe que de Collodi.

   ...En fin, que, las cinco horas se nos pasaron en un vuelo, y se acabó una mañana estimulante en que libros y ciencia se daban la mano. 


   ¡Enhorabuena al Consejo General del Libro Infantil y Juvenil por la iniciativa y gracias por este programa!


- Cinco libros de Ciencia que cambiaron el mundo

- INSTRUMENTOS CIENTÍFICOS ANTIGUOS EN EL INSTITUTO SAN ISIDRO. RECUPERACIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN, estudio de Leonor González de la Lastra.

- CENTRO VIRTUAL DE DIVULGACIÓN DE LAS MATEMÁTICAS


- Conferencia de Carlos Madrid sobre Laplace en el Centro Riojano de Madrid.

- Más artículos de Juan Navarro y José María Rodríguez

domingo, 8 de febrero de 2015

Iván Forero, un hombre cargado de conocimiento, de vivencias y de humanidad

 
   El Grupo Escolar de Amnistía Internacional del IES Juan de Herrera invitó a Iván Forero el pasado jueves, 5 de febrero, a que nos hablara de Globalización económica y Derechos Humanos en el Instituto. 

   Se hizo corta cada una de las dos sesiones en que tuvimos que dividir el acto para que más gente pudiera escuchar a este colombiano nacido ¿casualmente? un 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. 

   Iván está en nuestro país acogido por España mediante el Programa de Defensores de Derechos Humanos de Alto Riesgo de Amnistía Internacional a causa de las amenazas de muerte que recibió por su trabajo en el programa 'Colombia Nunca Más', que agrupaba a dieciocho ONG y cuyo propósito fundamental era recuperar la memoria sobre los crímenes de Estado cometidos durante 40 años (1960 a 2000). 

   Nos habló de que es preciso leer la realidad para escribir la historia. Nos habló de que, para dominar el mundo, ya no es necesario tomar territorios por las armas, pues es mucho más efectivo el control mediante el miedo y mediante el hambre: 

   Mencionó el informe Sábato, 'Nunca más', que explica cómo se impuso el miedo en Argentina por el procedimiento de hacer desaparecer a las personas.


   Y no le dio tiempo a proyectar el estremecedor vídeo 'Los motivos del hambre en el mundo'de Informe Semanal, que entrevista a Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación. Denuncia las prácticas del mercado, que especula y monopoliza el comercio mundial de alimentos y pone trabas a programas de regadío, perfectamente factibles, con los que los países con hambruna podrían autoabastecerse. Dice Ziegler que hay recursos suficientes para alimentar a toda la población mundial, y añade tajante: "No hay fatalidad alguna: un niño que muere de hambre, es asesinado."
FUENTE: http://www.imagenesrf.com/imagenes16/personas-de-hambre-4.jpg

   Forero explicó que la llamada 'globalización' es en realidad un neocolonialismo, no de estados, sino de multinacionales, y recomendó la lectura de La tercera ola, publicado en 1979 por Alvin Toffler, en que ya anunciaba que, tras las dos primeras olas (revolución agrícola y tecnológica), llegaría un nuevo cambio de civilización. 

   Denunció Iván Forero que, en este mundo globalizado, se producen abusos tales como que España pueda comprar cuota de contaminación ambiental a Guinea Ecuatorial, para seguir contaminando por encima de lo que es sostenible. 

   Denunció que en su país, Colombia, se siguen produciendo desalojos forzosos de campesinos para que ciertas multinacionales se instalen en sus territorios, causa profunda de la guerra interminable colombiana, como explica Amnistía Internacional a la vez que promueve acciones como "¡Devolvednos la tierra!"

   "El actual conflicto armado interno de Colombia ha enfrentado durante más de 50 años a las fuerzas de seguridad y los paramilitares contra los grupos guerrilleros. Se ha caracterizado por los niveles extraordinariamente altos de abusos contra los derechos humanos y violaciones del derecho internacional humanitario cometidos por todas las partes, mientras la población civil ha sido, con mucho, la principal víctima. Los más afectados por la violencia han sido las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, así como los defensores y defensoras de los derechos humanos, los líderes comunitarios y los sindicalistas."

   Uno de esos desalojos dejó huérfana a la madre de Iván Forero a muy corta edad, y arrasado su pueblo en los años 50. 

   Pero incluso antes, en 1928, ya se producían crímenes contra la población para defender los intereses de una empresa extranjera, como la United Fruit Company, que controlaba (y controla, con el nombre de Chiquita Brands ahora) la producción de bananas en Colombia. El 6 de diciembre de aquel año, en el municipio de Ciénaga, departamento del Magdalena, un batallón de las Fuerzas Armadas del estado abrió fuego contra un número indeterminado de manifestantes que protestaban por las precarias condiciones de trabajo en la United Fruit Company. La cifra de muertos, nos dijo Iván, alcanzó los cuarenta y dos mil, entre los trabajadores de la compañía y los del ferrocarril. 

   Esta 'masacre de las bananeras' lo recoge García Márquez en "Cien años de soledad", de donde extractamos estos  fragmentos:
   "La huelga estalló dos semanas después y no tuvo las consecuencias dramáticas que se temían. Los obreros aspiraban a que no se les obligara a cortar y embarcar banano los domingos (...)
   La inconformidad de los trabajadores se fundaba esta vez en la insalubridad de las viviendas, el engaño de los servicios médicos y la iniquidad de las condiciones de trabajo. Afirmaban, además, que no se les pagaba con dinero efectivo, sino con vales que sólo servían para comprar jamón de Virginia en los comisariatos de la compañía. (...)
   La ley marcial facultaba al ejército para asumir funciones de árbitro de la controversia, pero no
se hizo ninguna tentativa de conciliación. Tan pronto como se exhibieron en Macondo, los soldados pusieron a un lado los fusiles, cortaron y embarcaron el banano y movilizaron los trenes. Los trabajadores, que hasta entonces se habían conformado con esperar, se echaron al monte sin más armas que sus machetes de labor, y empezaron a sabotear el sabotaje. Incendiaron fincas y comisariatos, destruyeron los rieles para impedir el tránsito de los trenes que empezaban a abrirse paso con fuego de ametralladoras, y cortaron los alambres del telégrafo y el teléfono. Las acequias se tiñeron de sangre. (...) La situación amenazaba con evolucionar hacia una guerra civil desigual y sangrienta, cuando las autoridades hicieron un llamado a los trabajadores para que se concentraran en Macondo. El llamado anunciaba que el Jefe Civil y Militar de la provincia llegaría el viernes siguiente, dispuesto a interceder en el conflicto. (...)
      – ¡ Tírense al suelo! ¡ Tírense al suelo!
   Ya los de las primeras líneas lo habían hecho, barridos por las ráfagas de metralla. Los sobrevivientes, en vez de tirarse al suelo, trataron de volver a la plazoleta, y el pánico dio entonces un coletazo de dragón, y los mandó en una oleada compacta contra la otra oleada que se movía en sentido contrario, despedida por el otro coletazo de dragón de la calle opuesta, donde también las ametralladoras disparaban sin tregua. Estaban acorralados, girando en un torbellino gigantesco que poco a poco se reducía a su epicentro porque sus bordes iban siendo sistemáticamente recortados en redondo, como pelando una cebolla, por las tijeras insaciables y metódicas de la metralla. El niño vio a una mujer arrodillada, con los brazos en cruz, en un espacio limpio, misteriosamente vedado a la estampida. Allí lo puso José Arcadio Segundo, en el instante de derrumbarse con la cara bañada en sangre, antes de que el tropel colosal arrasara con el espacio vacío, con la mujer arrodillada, con la luz del alto cielo de sequía, y con el puto mundo donde Úrsula Iguarán había vendido tantos animalitos de caramelo.
   Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba bocarriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y solo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. No había un espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Debían de haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quienes los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de arrumarlos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano. Tratando de fugarse de la pesadilla, José Arcadio Segundo se arrastró de un vagón a otro, en la dirección en que avanzaba el tren, y en los relámpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo."
(Tomado de Ediciones Orbis. 1982)

   Durante todas las horas que estuvo con nosotros, Iván no dejó de evocarnos la historia y la realidad de América, del mundo, que tan bien conoce como historiador, sociólogo y defensor de los Derechos Humanos. También insistió en que esta globalización no puede dejar los Derechos Humanos fuera de la Constitución de ningún país, y de que esta crisis globalizada está produciendo recortes que atentan contra esos Derechos, en sanidad, en vivienda, en educación..

   Con su visita hizo realidad uno de los llamados por él 'sentipensamientos': 
"La escuela sola no educa sin relación con la calle, con la gente". 

   Él trajo al Juan de Herrera un buen pedazo de esa calle, de la gente, y animó a nuestros jóvenes, condenados a ser migrantes, a denunciar la injusticia, a defender los Derechos Humanos donde quiera que estén. 

     - Iván Forero en el Foro Internacional de Víctimas de Colombia (13 de septiembre de 2014). Vídeo 1Video 2 
       - Entrevista a Iván Forero, por Mario CasasúsLa Jornada, Morelos (18-6-2007)
Declaraciones de Iván Forero cuando el Foro Social Mundial de las Migraciones 2006, organizado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado.
Entrevista a Jean Ziegler
- Artículo sobre Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972), colombiano, quien en su novela 'La casa grande', también recoge la masacre de las bananeras.

lunes, 26 de enero de 2015

Día de la Paz

Se acerca el 30 de un mes en que el mundo se ha estremecido por el terrible atentado a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y, acto seguido, por el secuestro en un supermercado judío, también en París.
Otra vez clamaremos por la paz y la no violencia, mientras en el mundo continúan los conflictos que enfrentan a seres humanos y provocan víctimas a diario. 
 "Tristes guerras, tristes armas, tristes hombres, tristes, tristes, tristes", lamentaba Miguel Hernández y canta Vicente Monera.
Por eso el Texto de esta semana, de Nicolás Guillén, No sé por qué piensas tú ( de Cantos para soldados y sones para turistas, 1937. Tomado de “Botella al mar. Antología poética”. Biblioteca Teide, 2009)
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.

Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.

Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú, 
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.

Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
adónde vamos yo y tú...
¡No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!


sábado, 17 de enero de 2015

Homenaje a Ignacio Campal.

   Y en este mediodía de viento gélido en San Lorenzo, ante la Conserjería que fue su recinto, nos hemos juntado un buen número de 'personas' de todas las edades para recordar a Ignacio. Sobre un caballete, un marco con una fotografía en la que aparece él, amable y sencillo como lo evocamos, y otras junto a profesores y alumnos. Y, además del poema 'Retrato', de Antonio Machado, un texto de su, nuestro, amigo Román, que glosa lo que Ignacio fue:
"Siempre vivirá en nuestros recuerdos. 
Fue de las pocas personas  que creía en los seres humanos, 
que deseaba para todos la felicidad y que lo daba todo por ello, 
que fue pobre para que otros fuesen más afortunados que él."

   Algunos hacía tiempo que no pisaban el Instituto, por estar ya jubilados. Otros convivimos en él día a día, cada uno en su puesto. Muchos no tuvieron ocasión de conocerlo, pero se han acercado atraídos por lo que esta semana han oído hablar de él.
   Ha sido un acto sencillo, pero cargado de la emoción de recordarlo.
   Con permiso de sus autores, dejamos constancia aquí de las intervenciones que se han sucedido:

"PRESENCIA DESDE LA LEJANÍA
   Amigo y compañero Ignacio: 
   Ya ves que me presento al sencillo y entrañable acto de una placa conmemorativa a tu nombre en la que fue tu casa (ampliada ahora a unas espaciosas aulas) durante el desempeño de tu labor en este I.E.S. JUAN DE HERRERA. 
   Ya ves que me presento con el alma y con el corazón, pues, a esta hora, mis compromisos ineludibles me fuerzan a estar a kilómetros de este lugar. Pero mi espíritu, al igual que el tuyo, se encuentra aquí, donde otros amigos y compañeros, amigas y compañeras, se han dado cita en torno a tu noble recuerdo. 
   Me fluyen a la mente, como a borbotones, retazos de tu semblanza. Pero a riesgo de ser injusto, por lo parco, en la memoria de tus virtudes, así, a vuela pluma, permíteme recordar tu disposición natural a ser servicial con todo el mundo. Tu afán de adornar de cálida y respetuosa amistad el frío cumplimiento de las obligaciones, dando como resultado que te excedieras generosamente en tu trabajo, sin reparar en sacrificios por tu parte, y en solicitudes abusivas por parte nuestra, por parte mía. Y si el esfuerzo disciplinado es condición indispensable en un centro de estudios, que es también centro de convivencia, ahí estaba tu disponibilidad y tu participación casi siempre callada, cuando de festejos se trataba. Por la parte que me toca, no puedo olvidar tu colaboración en las excursiones escolares de fin de semana o de días festivos organizadas en los estudios nocturnos, así como en todo tipo de actividades culturales. Tu vena de filómano afluía cuando te arrimabas a mi acordeón y, con leve movimiento de la mano y de la cabeza, acompasabas las notas de canciones que animabas al ritmo del teclado. 
   Como broche final de toda una vida, no puedo olvidar tu ejemplaridad a la hora del adiós. Esa conformidad serena con el destino, en tu caso acompañada de profunda fe, más allá del encomio, me resulta radicalmente aleccionadora. Perdona mi pedantería, pero se me antoja digna 'praxis' de aquello en lo que meditó y admiró JORGE MANRIQUE en sus 'coplas'. Por eso, amigo y compañero Ignacio, ante la pena por tu ausencia, pero teniendo muy presente la rica trayectoria de lo que fue tu vida, permíteme que, plagiando al poeta, concluya diciéndote que 'dejonos harto consuelo tu memoria'."
JESÚS FERNÁNDEZ


   "No quiero recordar del dolor que llevaba en su mochila Ignacio, ni los últimos meses de su vida, ni su terrible enfermedad, ni lo impotente que se sentía uno para intentar lo ya inintentable. 
   Yo recordaré siempre un Ignacio stendhaliano:
   'El mantenimiento de un yo sagrado y puro'. Eso significa que un ser humano como él no era capaz de estar alejado de cualquier tipo de complicidad, tampoco de cualquier tipo de desolación causada por el dolor humano y siempre estuvo alejado de cualquier deformación producida por el odio, del rechazo de nadie. 
   Él tenía apartamientos impuestos en la casita del conserje, porque era un hombre que nunca quiso estar solo. 
   No se contagió de la peste, ni allí ni en su trabajo, ni con sus amigos, ni en el dolor. Siempre salvó, en su frágil barca de la vida, todo lo que merece la pena ser rescatado, esto es, si lo llamamos por su nombre teológico correcto, el alma inmortal."
ROMÁN


   "Un hombre que sin aspavientos fue capeando el temporal de la vida con sencillez, como pensaba Machado: 
... Por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre...
Y ese pareció ser el afán de nuestro Ignacio, ser hombre para los demás. 
...Algo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere... dice el poeta.
   Es lo que hoy quiero decirte, querido Ignacio, que algo se nos murió dentro del alma con tu marcha. Solo espero que nos encontremos en el largo paseo de la eternidad y volvamos a reír y a llorar, que es lo que pasa con este vivir y con este morir."
EDUARDO TRINCHANT


"SIGNIFICADO DE LA PLACA, DEL ESPÍRITU Y DEL LEGADO VITAL DE IGNACIO:
   A este edificio, posiblemente de forma involuntaria, y a lo largo de estos últimos años, se le ha denominado edificio "Supernuevo", en relación a su reciente construcción, nombre que incluso nos podría  evocar la personificación de un superhéroe norteamericano como Superman o Spiderman, porque tal vez  lo urgente no nos ha permitido abordar lo importante, y este homenaje a Ignacio era importante y merecido, puesto que ha dejado una destacada huella, tanto en el Instituto como en quienes tuvimos la suerte de conocerle.
   Dar nombre al edificio mediante esta placa es una forma de valorar lo que representó Ignacio por dos motivos: por el hecho de levantarse en el espacio que ocupaba su pequeña casa de conserje y por su trayectoria de servicio y de entrega a la Comunidad Educativa a lo largo de veintitrés años. 
   Así, los alumnos y profesores actuales, y los que formen parte del centro en el futuro, podrán decir: " vamos a la clase de Matemáticas, a la de Lengua, a la de Geografía, a la de Inglés,.. que se encuentra en el edificio de Ignacio", con lo que reforzaremos su espíritu. El espíritu de Ignacio nos acompaña y deambula por los pasillos entre nosotros y, en  ocasiones, se manifiesta cuando observamos gestos de amistad, de bondad, de ayuda y de predisposición hacia el otro, sin distinguir si es alumno, profesor (desplazado, interino, en expectativa o definitivo), si es conserje o administrativo…que solo sabe de personas, y que además no hace muchas preguntas, ni pide explicaciones, pues posee una actitud gratuita, ya que trata de servir a los demás sin esperar nada a cambio, que busca comprender a las personas y hacerlas un poquito más felices.
   De esta forma, podríamos dar continuidad a esta sencilla, pero importante clase magistral que nos ha impartido y legado Ignacio, pero esta vez sin necesidad de programación, ni de  tiza, ni tampoco de proyector, ni de pizarra digital, incluso sin aula, Tan solo señalar, a modo de ejemplo,  los apuntes elaborados de forma diaria en su pequeña libreta en la que reflejaba lo que él definía como “servicios”, que no tenía otro fin que cubrir las necesidades burocráticas o personales, tanto para alumnos como para profesores o para otros compañeros, y que él solía cumplir puntualmente.
   Todo esto nos lo ha transmitido a través de su vida, con sus actitudes y  su entrega en el tiempo en que estuvo entre nosotros. El contenido de esta clase magistral estuvo cargado de valores humanos que debemos interpretar,  tratar de asimilar e incluso transmitir.
   El que estas señas de identidad y estos valores perduren en el tiempo, ahora depende de todos nosotros." 
ISIDRO


   También ha hablado Delia sobre la ayuda imprescindible de Ignacio en tantísimas gestiones burocráticas. Y ha recordado cuánto la impresionó lo que comentó Ignacio después de contarle a lo que lo había llevado su ayuda a un amigo: "Para mí, es más valiosa la amistad que un piso".

   Todos los asistentes hemos escuchado en silencio y con emoción las palabras de unos y otros, que refrendábamos con sus aplausos. 
   Finalmente, hemos salido al patio y, colocados frente a donde estuvo la puerta de su casa, Ramón, el Director, ha descubierto la placa fijada en ese muro para recuerdo de todos. 






domingo, 11 de enero de 2015

IGNACIO CAMPAL, UN SER HUMANO FUERA DE LO NORMAL

   A Ignacio le gustaba, lo que más en el mundo, estar acompañado y ayudar a la gente.
   Y viajar por viajar, sobre todo para probar los trenes. En tiempos en que no existía internet y en los posteriores en que no era común su uso, él siempre estaba informado del mejor trayecto, del mejor medio de transporte. Y si no recordaba el horario, echaba mano a su bolsillo y consultaba sus papeles hasta dar con la respuesta.
   Y le gustaban las gestiones administrativas: no había oficina en la Comunidad de Madrid donde no lo conocieran. En un cajón guardaba impresos insospechados, de esos que requieren largas colas para conseguirlos: ayudaba a cumplimentarlos y se ofrecía a presentarlos para hacer el favor a cualquiera.
   Disfrutaba de las excursiones; como trabajaba en el turno Nocturno, se apuntaba a todas las que podía por la mañana o en fin de semana, ya fuera a visitar un museo, una mina, a ver una obra de teatro o a escuchar un concierto, cuya música acompañaba con la cabeza y con las manos cual si fuera él el director de la orquesta. 
   También le gustaba la literatura, como nos demostraba en las tertulias nocturnas del Día del Libro. Sobre todo coleccionaba novelas policíacas, y las de Julio Verne, que donó a la Biblioteca del Instituto en un arranque más de filantropía.
   Si había que quedarse montando una exposición hasta las tantas de la noche, contábamos siempre con Ignacio, que aparecía cargado de fotocopias y de refrescos con que nos lo hacía más llevadero. Nunca se quejaba, aduciendo que él de todos modos tenía que hacer su ronda última cerrando las aulas y recogiendo papeles.
   Solo comía si alguien lo acompañaba, y al menor descuido, se adelantaba a ser él quien invitaba en los restaurantes. Le apasionaban los dulces y la conversación, en la que siempre introducía expresiones que solo usaba él: no hablaba de la gente, sino de "las personas" y su máxima era que "hay que ser amable". Don Amable fue un título que le asignaron y que lo retrata tanto como el verso de Machado que leímos en su despedida:
"... más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno." 

   Ignacio Campal Guallart, un hombre con estudios, que había trabajado en RENFE y había tenido cargos en gestoría, era conserje. "Trabajó y vivió para el IES Juan de Herrera con entrega admirable de 1985 a 2008." 
   Ese es el texto de la placa que desde esta semana se verá en la que fue su casa durante esos veintitrés años, Ya han pasado seis y medio desde que murió. Los médicos adujeron como motivo un cáncer, pero la causa cierta fue que tres años antes le habían obligado a jubilarse, a abandonar el Instituto al que se había entregado durante más de dos décadas. A pesar de que habíamos recogido numerosas firmas para que no se cumpliera esa dura sentencia laboral y consiguió ser readmitido, la pena que ese largo proceso le supuso y la de que llegaría el momento irreversible de dejar su puesto, acabó con él.
   Y en sus últimas semanas, ya con el diagnóstico maldito de la cruel enfermedad, fuimos conscientes del extremo al que lo había llevado su bondad: Ignacio, hombre generoso sin límite, desprendido hasta lo que no es imaginable, no tenía nada más que deudas. Lo había dado todo. No disponía ni siquiera de lo mínimo para pagarse una residencia donde le prodigaran los cuidados que su mal demandaba. Las "personas" se volcaron con él para que estuviera bien atendido, para acompañarlo. Pero pudimos hacerlo durante muy pocas semanas, pues falleció poco después, respondiendo al pie de la letra a la última estrofa del mismo poema, "Retrato", de Machado:
"Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar."


   También en su memoria, este otro texto de Machado se convierte en nuestro "Texto de la semana":

OTRO VIAJE
Ya en los campos de Jaén,
amanece. Corre el tren
por sus brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana;
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela!…
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana
—¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!—
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.




lunes, 8 de diciembre de 2014

La pena de muerte. La tortura

 

Moses Akatugba tenía 16 años cuando lo detuvieron y torturaron en Nigeria. Le dispararon en la mano y fue colgado durante horas antes de arrancarle las uñas de manos y pies con alicates. Todo ello para que confesara su participación en un robo menor.   

   Moses terminó firmando dos confesiones por un delito que niega haber cometido. Le encarcelaron y, ocho años después, le condenaron a muerte.   Moses terminó firmando dos confesiones por un delito que niega haber cometido. Le encarcelaron y, ocho años después, le condenaron a muerte.   

   Amnistía Internacional pide una investigación sobre las denuncias de torturas y malos tratos a manos de la policía y del ejército, y que se conmute de inmediato la condena a muerte.

   ¿Cómo se sentirá Moses? Quizá sus pensamientos no sean muy diferentes de estos: 

   "¡Condenado a muerte! 
   Hace cinco semanas que vivo con este pensamiento, siempre a solas con él, siempre con su helada presencia, encorvado siempre bajo su peso. Antaño -me parece que hace años y no semanas-, yo era un hombre como otro hombre. Cada día, cada hora, cada minuto contenía un sueño. Mi espíritu, joven y rico, estaba lleno de fantasías. Se divertía desenrollándose una tras otra, sin orden y sin fin, bordando con inagotables arabescos esta ruda y fina tela de la vida (...)
   Ahora estoy cautivo. Mi cuerpo pertenece a los hierros de un calabozo, mi espíritu está aprisionado en una idea. ¡Una horrible, sangrienta, implacable idea! Solo tengo un pensamiento, una convicción, una certeza: ¡condenado a muerte!"
   
   Es el comienzo de la novela "El último día de un condenado", de VÍCTOR HUGO (Traducción de Antonio Álvarez de la Rosa para Ikusager Ediciones, 2002)
   
   "Condamné à mort!
   Voilà cinq semaines que j’habite avec cette pensée, toujours seul avec elle, toujours glacé de sa présence, toujours courbé sous son poids!
   Autrefois, car il me semble qu’il y a plutôt des années que des semaines, j’étais un homme comme un autre homme. Chaque jour, chaque heure, chaque minute avait son idée. Mon esprit, jeune et riche, était plein de fantaisies. Il s’amusait à me les dérouler les unes après les autres, sans ordre et sans fin, brodant d’inépuisables arabesques cette rude et mince étoffe de la vie (...)
   Maintenant je suis captif. Mon corps est aux fers dans un cachot, mon esprit est en prison dans une idée. Une horrible, une sanglante, une implacable idée! Je n’ai plus qu’une pensée, qu’une conviction, qu’une certitude: condamné à mort!"
Le dernier jour d’un condamnéParis, Gosselin, 1829.
   
   1829. En esa fecha, Víctor Hugo escribía un impresionante alegato en defensa de la abolición de la pena de muerte, y también de la tortura: "No queremos solo la abolición de la pena de muerte, queremos una transformación completa de la penalidad bajo todas sus formas, de arriba abajo, desde el cerrojo a la cuchilla, y el tiempo es uno de los ingredientes que deben formara parte de tal tarea, para que esté bien hecha."
   
   Pues bien, van ya pasados casi dos siglos y la tortura continúa en muchos países del mundo, bajo crueles y diversas formas, a pesar de que la propia ONU aprobó el 10 de diciembre de 1984 la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
   
   Actuemos con Amnistía Internacional para que cese de una vez por todas la tortura en el mundo, para que al menos cese en los casos que Amnistía propone para este año.