sábado, 1 de octubre de 2016

Las bibliotecas escolares, las grandes olvidadas de la LOMCE.

      
http://bibliolibrebibliotecaescolar.blogspot.com.es/2015/03/
nueva-experiencia-en-la-biblioteca.html
  




Evocan nuestros admirados compañeros de "Yo estudié en la pública" en una entrada en su facebook las palabras que María Moliner escribiera hace ochenta años a los bibliotecarios rurales, porque bien pueden aplicarse, además de a los rurales, a los "escolares":
   
   "Estas Instrucciones van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas pequeñas y recientes. Porque, si el éxito de una biblioteca depende en grandísima parte del bibliotecario, esto es tanto más verdad cuanto más corta es la historia o tradición de ese establecimiento. En una biblioteca de larga historia, el público ya experimentado, lejos de necesitar estímulos para leer, tiene sus exigencias, y el bibliotecario puede limitarse a satisfacerlas cumpliendo su obligación de una manera casi automática. Pero el encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucho más personal, poniendo su alma en ella. No será esto posible sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir, y en la eficacia de su propia misión para contribuir a este mejoramiento.
   No será buen bibliotecario el individuo que recibe invariablemente al forastero con palabras que tenemos grabadas en el cerebro, a fuerza de oírlas, los que con una misión cultural hemos visitado pueblos españoles: «Mire usted: en este pueblo son muy cerriles: usted hábleles de ir al baile, al fútbol o al cine, pero… ¡A la biblioteca…!».
   No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: ¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura! Ellos presienten, en efecto, que es cultura lo que necesitan, que sin ella no hay posibilidad de liberación efectiva, que sólo ella ha de dotarles de impulso suficiente para incorporarse a la marcha fatal del progreso humano sin riesgo de ser revolcados: sienten también que la cultura que a ellos les está negada es un privilegio más que confiere a ciertas gentes sin ninguna superioridad intrínseca sobre ellos, a veces con un valor moral nulo, una superioridad efectiva en estimación de la sociedad, en posición económica, etcétera. Y se revuelven contra esto que vagamente comprenden pidiendo, cultura, cultura… Pero, claro, si se les pregunta qué es concretamente lo que quieren decir con eso, no saben explicarlo. Y no saben tampoco que el camino de la cultura es áspero, sobre todo cuando para emprenderlo hay que romper con una tradición de abandono conservada por generaciones y generaciones.
   Tú, bibliotecario, sí debes saberlo, y debes comprenderles y disculparles y ayudarles. No es extraño que una biblioteca recibida con gran entusiasmo quede al poco tiempo abandonada si se la confía a su propia suerte: no es extraño que el libro cogido con propósito de leerlo se caiga al poco rato de las manos y el lector lo abandone para ir a distraerse con la película a cuya trama su inteligencia se abandona sin esfuerzo. Todo esto ocurre; pero no ocurre sólo en tu pueblo, ni lo hacen sólo tus convecinos; ocurre en todas partes, y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción.
   La segunda cosa que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan sólo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas…!
   Pues bien: esta es la tarea que se ha impuesto y que está llevando a cabo el Ministerio de Instrucción Pública por medio de su Sección de Bibliotecas y en la que vosotros tenéis una parte esencialísima que realizar."

   Efectivamente, mutatis mutandis, podría titularse "A los bibliotecarios escolares" el texto de la sabia María Moliner, a quien habíamos dedicado otro artículo en este blog. Al leerlo, nos parece que retrata lo que estamos viviendo día a día en nuestros Centros: el desprecio hacia el alumnado, pensando que nunca van a leer, que no les interesa nada salvo el móvil, el whatsapp, las redes... que para qué perder el tiempo acercándolos a la biblioteca. 
   Si quienes tenemos la responsabilidad de acercarles a la lectura, profesorado y autoridades, tenemos ese pensamiento, seguro que jamás conseguiremos que ellos, ellas, mejoren. Es la fe en la posibilidad de que todo estudiante que se acerque a la biblioteca va a encontrar un ejemplar que le atraiga, un tema que le interese, la que conseguirá que nuestros alumnos comiencen a leer, que se enganchen incluso, cuando den con esa lectura que los está esperando; que, a raíz de ello, les vaya siendo menos gravoso leer sus apuntes, buscar información, entenderla, hacerla suya y transmitirla. Disfrutar con el estudio.  
  Nosotros sí tenemos esa fe, y a pesar de las autoridades académicas, que siguen sin preocuparse de los proyectos de Biblioteca, de los planes lectores, en la nuestra empezamos un nuevo curso con el mismo entusiasmo con que emprendimos esta maravillosa aventura en 2002, hace ya catorce años, 
   Y el entusiasmo se contagia: a profesores, que se apuntan al equipo de Biblioteca un año más o por primera vez, nada más salir del Claustro en que se les habló de ello; a alumnos y alumnas de Primero, que acuden cada recreo a echar una mano con todo su empuje, y que ya enseñan a otros nuevos y a profesores, cómo se hace el préstamo, cómo se marca un libro con su tejuelo, dónde encontrar un título. 
   Y visitan la Biblioteca también los de FP Básica, discriminados tantas veces de las tareas académicas, y escuchan respetuosos la explicación y curiosean por las secciones, y uno nos cuenta que ya ha leído varios libros de Ruiz Zafón, y que quiere más. 
   Y aparece un alumno que pensábamos que ya no íbamos a ver, porque solicitó un ciclo de Formación Profesional, pero, como tantos otros, no tiene plaza. Y, nada más matricularse, vuelve a la Biblioteca, ya con su plan: este año, los clásicos, empezando por la "Historia de la literatura griega", de Lesky. Un día publicaremos la lista de lecturas de este muchacho y se admirará el mundo que tanto desprecia a los jóvenes y su falta de anhelos. 
  Y aparece luego un exalumno, ya estudiante universitario de último año, pidiendo libro sobre finanzas, y también encuentra un par de libros que le sirven. Y otra querida exalumna nos lanza un SOS, para que le prestemos libros que le han marcado en la facultad. 
  Y un profesor nuevo y la de Guardia de Biblioteca se extasían al ver a un grupo de los movidos de Primero, que entra en silencio, elige cada uno su libro, y pasan la hora embebidos en su lectura. Y en la última hora del viernes, no damos abasto buscando lo que interesa a cada uno: de mitología, ¡de satanismo!, de animales, de deportes, cómics...
   Y...¡cómo no tener fe cuando vemos lo que vemos!
  Pero, mientras tanto, la LOMCE, sus reválidas, sus despropósitos...
  P.D: Sirva este artículo de homenaje a tantos bibliotecarios escolares entregados, y, estos días, en especial, para David y Agustina, los magos de Bibliolibre

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