miércoles, 4 de mayo de 2016

Día del Libro Cervantes-Shakespeare.

 
   
   En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que pululaba por los pasillos una multitud enfervorecida de jóvenes de rostros y ropajes abigarrados, bajo un techo lleno de estalactitas con títulos, grandes títulos de obras para no olvidar, que otrora (de esto sí ha mucho tiempo: cuatrocientos años, en concreto) firmaran dos gigantes de la Literatura Universal.
   
   Pero, ¡un momento!, sí recuerdo el nombre, y el escenario, y el día exacto del bullicio: era el Instituto, y los pasillos, y había tanto revuelo aquel 22 de abril de 2016 y las semanas previas que, por mucho que recordar quiera, no hay un solo momento de silencio ni de quietud en el que pueda anclarse la memoria.

   Es, pues, de saber, que este sobredicho día, llamado Del Libro en el escenario también sobredicho, pululaban junto con la multitud enfervorecida de jóvenes otros rostros algo más maduros, todos perfectamente diluidos en virtud de un sinfín de elementos de atuendo: ropajes negros de hijosdalgos, gorgueras multicolor improvisadas en papel, barbas pintadas, rabeles fingidos, estandartes romanos, bacías, coronas de laurel, lanzas, una pirámide, escudos, botijos manchegos, ¡hasta una palmera, coronada hermosamente de una piña cuyo olor ácido se mezclaba con el de la pintura en los pasillos!

   En medio de todo este bullir de Quijotes, de Dulcineas variopintas, de Bardos inmortales, de Julietas, de Romeos, de Rabelines, hay también más de un Sancho Panza con barba real o impostada, una bella y dignísima Cleopatra, adivinos embozados en su capa, una pelea de gallos donde los personajes, vivos para siempre, defienden su dignidad a golpe de ritmo, tres brujas que prometen poder, tragedia y bombones, y un alocado Retablo del que los pícaros Chanfalla y Chirinos entran y salen bien a gusto.

   Este día o, mejor, este Día, todo funciona; todo es orden en medio del caos, a pesar de la lucha contra los elementos. Contribuye, sin duda, a ese milagro paradójico la descarga de azúcar matutina, acompañada de hermosos pasajes de las obras de Miguel y William, con la que una preciosa comitiva de Segundo de Bachillerato (engorguerados todos, claro, y con sus ropajes negros) saluda a alumnos y profes que van embotellándose a la entrada, a las 8’25. El cielo amenaza lluvia y las previsiones para el día no son halagüeñas. Esta tutora novata se ha despertado con tos y muy poca voz, gastada toda de tanto ensayar octosílabos en las semanas previas. La música de la hora escribidora nunca llega a sonar y, por tanto, la sobredicha tutora y sus pupilos permanecen tranquilos en el aula ultimando barbas y principiando gorgueras, hasta que, ¡hete aquí que una Jefa de Estudios aparece apresuradamente a entregarnos el sobre con la historia de Don Quijote y los Siete Enanitos! Durante más de una hora, todos los alumnos trabajan concentrados en continuar el relato. Leemos juntos y elegimos. Es difícil: todas las historias derrochan imaginación, humor y entusiasmo. Pero hay que elegir…

   En efecto, rematada ya la decisión, los valientes pupilos se dirigen al Salón de Actos, donde tiene lugar un reñido concurso de Pasapalabra. Todos los terceros participan, enardecidos, y se enfrentan a molinos que son gigantes de palabras. La emoción se mastica, se proclama un ganador…

   Y el Día sigue su avance frenético. La amenaza de lluvia se torna realidad y el Instituto entero se traslada al Polideportivo. La tutora novata se olvida de la música de su Retablo y, en una de esas idas y venidas locas al aula, contempla emocionada algún que otro ensayo. ¡Marco Antonio y Cleopatra se han vuelto breves en extremo! ¡Prodigiosa capacidad de síntesis docente!

   Las pistas del Polideportivo están hoy presididas por un jurado multicolor: ex alumnos, profesores, personal no docente; todos se muestran dispuestos a observar y medir con vara inflexible las actuaciones del Desfile. ¡Glorioso escenario, que ha contemplado innúmeras batallas épicas de baloncesto en vísperas navideñas! ¡¡¡Gradas inmensas, amplitud colmada de ecos… desastre acústico en ciernes!!! La imposibilidad de comprender los textos, a pesar del micrófono y la excelente voluntad de todos, nos lleva de vuelta al patio. Lluvia, frío, multitudes parlantes, impaciencia, nervios, muchos nervios… Hasta la división final: unos cursos al Gimnasio, otros al Salón de Actos. Lanza en ristre, sin necesidad de enjuto rocín, la tutora novata sigue a sus pupilos hasta el fin; hasta que, sobre el escenario, somos todos un torbellino de emociones; no funciona la música pero bailamos igual, nos crecemos en escena, no se nos olvida ni una palabra, no nos importa combatir con una espada rota… y descubrimos que amamos el teatro y que, oye, aprenderse textos en verso ¡lo mismo no era tan difícil!

   La carencia del don de la ubicuidad le impide a quien suscribe, muy a su pesar, contemplar las intervenciones del Desfile de los grupos de 4º y de 1º de Bachillerato, pero a la salida, en los pasillos, antes de que todo se disuelva, se respira euforia en cada rincón. “¡Qué bien, profe!”, se oye repetidamente, “hoy salió mejor que nunca”. Algún alumno envalentonado se atreve a sacar el móvil y pedir a los Jefes de Estudios que hagan fotos a los grupos. Algunos canturrean como proclamas los nombres de sus valientes actores. Abrazos, muchos abrazos, y mucho orgullo también.

   Este fin tuvo el muy ilustre Día del Libro del Juan de Herrera. Déjanse de poner aquí las reiteradas  de unos profes a otros por el excelente trabajo, las hermosas dedicatorias inscritas en las páginas regaladas entre compañeros y los bien merecidos manjares sólidos y líquidos de que nos gozamos en la Sala, dicha de Profesores.

   Y le dijo la tutora a su crónica primera: “Aquí quedarás colgada, entre los recovecos de la inter-red, donde puedas servir de ilustración a todos aquellos que duden alguna vez de la fuerza del trabajo codo a codo, del poder del entusiasmo, del impulso de la literatura, del ímpetu de los sueños. Recordarás a quien quiera recordarlo que una vez murieron para vivir eternamente Shakespeare y Cervantes y que los hemos celebrado con creces. De 1616 a 2016, de Stratford a La Mancha, de Londres a las Indias, están más vivos que nunca entre nuestras paredes, colgados de nuestros techos, alojados para siempre en la memoria colectiva de nuestro Día del Libro”.

   Vale.
   Rosa García-Gasco Villarrubia

IMÁGENES DEL DÍA DEL LIBRO 2016 AQUÍ.

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